25.10.09

Rojo Carmesi


esta es la primera historia que escribi, espero les guste y si desean publico mas, solo comuniquense conmigo lauritacullen@gmail.com, les pido tambien respeto ya que son palabras de mi autoria gracias..

ROJO CARMESI.


Era de noche en la vieja mansión a salidas de la región, el viento soplaba fuerte se podía ver por como se sacudían los arboles, el frio era intenso, fue uno de los peores inviernos de aquel desdichado lugar, Transilvania se tornaba tenebrosa como de costumbre, no era extraño todo eso pero si sucedían cosas extrañas, era un invierno cruel como ningún otro o no se si era mi melancolía pero estaba segura que estábamos cruzando un tiempo de enigmas, muerte y desolación, caminar por los poblados de aquella región era un paseo de ríos de sangre y manchas de rojo carmesí en ventanas, suelos y paredes; Verónica se encontraba asomada en la ventana de aquel recinto, sus palabras llenas de rabia y dolor profundo no paraban:
-que ha pasado amado mío, ya no ahí nadie en este lugar, todas están muriendo una a una-decía pausadamente por el llanto de horror por todo lo sucedido.


Darío se levanto rodeándola con sus brazos para darle calma, el era un hombre muy extraño, culto de mirada profunda pero con gran amor para esa bella mujer, sin embargo, en su mirada misteriosa se veía algo intranquilo un secreto que le consumía sin razón alguna, eran una pareja envidiable de aquella región, pero tenían algo de extraño entre los dos, nadie sabia que o por que se veían así, solo sabían de el amor profundo que se tenían entre si; Darío atendía a los comentarios de Verónica, la mirada de esta débil mujer se tornaba temerosa y se llenaban de lagrimas que descendían después por sus tiernas mejillas, Darío se cuestionaba pero nunca le pregunto a ella el motivo de su llanto, el solo se acercaba tendía sus brazos para que ella descansara en ellos, para que en esos instantes aquellos luceros de ella no se posaran totalmente brillantes y llenos de miedo sobre su mirada misteriosa y eternamente profunda, era una noche putrefacta, de dolor, rabia y agonía eran ya diez asesinatos, los crímenes mas atroces que se podían ver en un lugar como ese, Verónica mas calmada dijo:

-me da paz que estés aquí- mirándolo a los ojos-pero debemos tener cuidado- , el la miro compasivamente y en su profunda confusión la beso, ella lo adoraba y en el fondo el también a ella, pero algo raro sucedía.


Al dormirse Darío se levanto y se dirigió hacia la biblioteca, su lugar favorito, usualmente en las noches iba allí por que le costaba demasiado dormirse, ella dormía en paz, descansando de su temor, jurando que su ángel estaba a su lado, transcurrieron así algunas horas y casi alas cuatro de la mañana cuando la despertó un grito despavorido, horroroso como ningún otro, provenía de las entradas de su hogar, se levanto desesperada y se asomo, solo podía visualizar unas piernas blancas sobre un charco de aquel liquido rojo carmesí tan inconfundible por esos días, quedo impactada por un instante, giro sobre si para registrar la habitación y el no estaba, entró en pánico, decidió salir y su cara se llenaba cada ves de mas horror, su corazón latía como si fuera a salirse corriendo de su pecho, la respiración era totalmente agitada, era como un camino al lugar mas tétrico del mundo entero, vio una joven, se distinguía que trataba de decir algo, era el llanto de un alma en su lecho de muerte, Verónica estaba paralizada, no entendía lo que aquella criatura decía, entró de nuevo a su casa llamó a la policía, la joven se encontraba sin aliento, llena de heridas profundas, cortaduras por todo su ser, estaba agonizando, empezó a convulsionar, el ser paralitico de Verónica se sentía casi muerta al presenciar esto, se oyó un terrible gemido lleno de dolor y así termino la vida de esa joven, nadie entendió como sucedió, ni como llegó allí, Darío no estaba y mientras tanto su mujer permanecía inmóvil por lo visto, solo se preguntaba el lugar donde estaría su amado, entro desesperada y lo halló allí, profundo, con una cobija encima, ella tranquilizó sintió claramente como entró su alma al cuerpo, retorno mas tranquila a su alcoba, se recostó y luego quedo dormida penetrando incansablemente en sus sueños.

Horas después, a mitades de la mañana, Darío arreglo algunas cosas para su amada, después de una larga reflexión se alisto par confesarle su mas temido secreto a Verónica, su abuela Elizabeth tendría alguna enfermedad mental, de la cual el es victima, pierde la noción de ser por instantes, es algún problema de doble personalidad, pero era algo complejo por que en definitiva no lo aceptaba, pero eso en verdad le sucedía, lo habría superado años atrás, eso creía, decidió subir a la alcoba para levantar a su bella durmiente y poder hablarle y a sincerarse con ella, allí estaba ella, irradiando su belleza entre sus sueños, con sus cabellos negro que caen por sus hombros delineando su hermoso rostro, sus labios rojos y bellos provocativos como un dulce fruto que solo dioses podrían tener y su cuerpo con curvas perfectas, definidas en toda su extensión, una mujer majestuosamente hermosa como ninguna otra, el sentía culpa de no haberle dicho, pero temía a que ella se fuera de su lado, por eso el nunca le hablo al respecto, despertó de un momento a otro, algo incomoda por la luz que se posaba en su rostro, se puse de pie, y se dirigió a el lo beso en seña de saludo, un corto suspiro unió sus miradas por un instante en ese pequeño encuentro que se da solo entre dos que es la unión de alma a alma, ese complemento perfecto, ese amor que solo ellos dos pueden ver en realidad como es, el le dijo que la esperaba abajo, ella solo acento con su cabeza y se dirigió al baño, el estaba demasiado nervioso se notaba por la torpeza en su actuar, Verónica bajo radiante a pesar de la tormentosa madrugada que vivió, inicio una charla y sin importar la lluvia o el frio se concentraban en sus palabras y sus profundas miradas:

-es extraño que hagas esto para mi- dijo Verónica en un bajo tono de voz
Darío le sonrío le tomo la mano con cariño la acaricio

- necesito contarte algo-Ella lo miro extrañada pero sobre todo le dijo que no habría problema que contara con ella, el relato su historia de su enfermedad y su infancia, el le prometió a ella que eso ya había pasado y no tenia mas cosas, pidió perdón, ella algo exaltada respiro y dijo:
-no te preocupes, todo esta bien- lo abrazó


Paso ese día como otros mas en aquella región, mas cadáveres hallados bajo el puente cerca de la mansión donde vivían ellos dos, otra dama mas mutilada herida y muerta, el o la asesina era verdaderamente extraño, por que no habría dejado pista alguna en los crímenes, parecían puros suicidios, solo se llego a saber que eran asesinatos por el tipo de heridas que se presentan, Verónica estaba atemorizada, dos de sus amigas ya habían sido victimas de aquel horror, esa forma de matar era algo totalmente atroz y salvaje, transcurrieron mas días y ella ya temía de salir al patio de su mansión, el invierno era mucho mas fuerte, ahora Transilvania era la región de la muerte.


Un día Verónica decidió tomarse una siesta, era ya casi noche, pero el frio era insoportable, Darío como lo es usual se encontraba en la biblioteca, pero en un instante, en un silencio frio y congelado se escucho un grito espeluznante, grito ahogado de la garganta de Verónica, sus bellos labios empezaron a sangrar, su piel blanca se llenaba de manchas de rojo carmesí, sus senos firmes llenos de cortaduras al igual que su vientre y todo su cuerpo, los cabellos arrancados, se podían oír los fuertes gritos de piedad y los secos golpes con los que callaban las peticiones de esta mujer, corrían lazos de sangre por todas las curvas de su esplendoroso cuerpo, era un loco, un sádico el que hacia todo eso, rasguñaba su cara, pretendía sacarle los ojos a punta de golpes en su cara deforme, su cuerpo hinchado por las heridas, ella se ahogaba en sus propios gritos, en su propia sangre, para finalizar, para terminar con lo mas bello de Verónica, aquel animal la tomo del cuello, para ahogar su voz, lo que mas idolatraba de esa mujer, la ahorco, ella deja de respirar luego de varios alaridos, estaba muerta, ya sobre su cama, congelada sin sentido alguno, Darío estaba en sala de la mansión, giro su cara vio su reflejo de un espejo, permanecía perplejo viéndose a si mismo en el espejo, lleno de sangre, con rasguños en su cuello, entraron personas a su casa, lo sacudían fuertemente el no reaccionaba, preguntaba que sucedía, sabio rápido a su habitación para ver a la mujer que mas amaba vuelta trisas encima de su cama, grito, preguntaba que como fue, quien fue, lloraba desesperadamente, a caso ¿aquel mal de su cabeza lo atormentaba de nuevo?, ¿tal ves era su venganza pro su pasado con las mujeres?, el tenia la mente en blanco y no sabia que pasaba, su mente estaba llena de nudos, nubes no veía nada claro, era solo un manojo de horror por que no entendía lo sucedido, charcos de sangre, gritos que escuchaba retumbar en su mente, pero nada era un recuerdo nítido, quedo mudo estaba totalmente atónito, desubicado, muerto, dio su espalda y subió de nuevo a la biblioteca, quedo inmóvil en aquel sillón, el señor recogió el cadáver, lo saco de la casa, y el silencio rotundo envolvió todo el lugar, un deseo de muerte acompañaba a Darío, la muerte de su amor y única compañía, pero no entendía como fue o quien cometió esa atrocidad,¿ fue el?, Darío era el asesino, eso es lo mas obvio que se puede ver y distinguir a lógica, ¡pero como! Como seria el capas de matar a su amor, el amor de su vida, un mar de preguntas navegan por su mente, pero ¿asesino?, el seguía allí, en la biblioteca, sin acción alguna, mudo, tieso, paralizado, totalmente desolado, pero en aquel templo de silencio, un desgarrador grito cambio todo, salió apresurado y se asomo y vio unas piernas blancas delgadas, sobre un charco de aquel liquido rojo carmesí , no con mucha claridad vio un hombre, que huyó al bosque entre la neblina y los arboles oscuros, Darío salió desesperado para darse cuenta que no era cualquier damisela era su Verónica y con ella una nota escrita en sangre que decía:

“por dejarle sola con su miedo mas intenso, incansable lucha en su cruel lamento, que en su muerte entienda su sufrimiento y ahora que se ahogue en su remordimiento, que en el deseo de muerte ojala pueda continuar en vida” Darío quedo confundido ante todo esto, creyó que en su muerte encontraría fin a su agonía, subió a su biblioteca, miro a su alrededor, llevo con el cadáver de su amada tomo valor hasta que sonó por fin el disparo y su cuerpo se desvaneció cayendo sin vida sumergido en un charco de aquel liquido rojo carmesí.





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